El acceso al agua es un derecho humano fundamental, de su aplicación
dependen prácticamente todos los otros derechos humanos esenciales , y
si bien hoy se tiende a hablar constantemente de la crisis financiera,
de la inestabilidad bancaria, de los graves problemas climáticos, muchos
olvidan que una parte esencial de los grandes problemas del futuro está
ligada al agua. En caso de persistir la actual tendencia de manejo y
consumo, dos tercios de la población mundial, es decir más de 3.5
millones de personas, no contará con agua potable en el 2025.
Desde los albores del siglo XXI, existen dos narrativas antagónicas
sobre los recursos de agua dulce de la Tierra. Por un lado está el
poderoso círculo de los tomadores de decisiones, los líderes de algunas
potencias, las instituciones comerciales y financieras internacionales y
las empresas transnacionales, que no ven el agua como parte de los
ámbitos comunes mundiales ni como un bien público, sino como una
mercancía que se compra y se vende en el mercado abierto. Por otra
parte, está el movimiento mundial de organizaciones de base, integrado
por comunidades locales, pobres, habitantes de asentamientos precarios,
mujeres, pueblos indígenas, campesinos y pequeños agricultores que
trabajan en conjunto con los ambientalistas, los activistas de derechos
humanos y los administradores y expertos del agua, progresistas tanto
del Norte como del Sur global, que considera el agua como un bien común y
se propone que haya agua para toda la naturaleza y para todos los seres
humanos.
Este ensayo, que toma en cuenta interesantes documentos
referenciados, pretende apuntalar, en su reafirmación de la vida, un
marco para promover el agua como un bien vital que pertenece a los
habitantes del planeta en común. Ninguno de ellos, individualmente o en
grupo, debería tener el derecho de apropiárselo en forma privada.
En el caso de Honduras el problema de acceso al vital líquido es un
problema que está supeditado a las características de manejo y gestión
del mismo. Honduras es considerado como el país con mayor potencial de
drenaje de la región centroamericana a pesar de lo cual subsisten
problemas en el abastecimiento, el cual se caracteriza por su ausencia
en las zonas más desposeídas, intermitencia en el suministro del
servicio, baja cobertura de los sistemas de saneamiento y tratamiento de
aguas grises (gestión inadecuada de residuos sólidos y líquidos de
origen domiciliar, comercial e industrial), lo cual empobrece los
indicadores de calidad y disponibilidad del recurso, haciendo del acceso
adecuado al agua, un problema estructural, el cual se agudiza ante la
presencia de fenómenos climáticos de sequía como el fenómeno del niño y
de la niña.
Honduras posee la mayor densidad de drenaje de la región, es decir
que posee un mayor número de ríos y afluentes por área cuadrada. La
disponibilidad hídrica de Honduras, según el nivel de precipitación es
de 13,500 m3 /habitante/año, cifra 13 veces superior a los mínimos
requeridos que es de 1,000 m3/ habitante/año. No obstante se estima que
sólo el 2% del caudal anual producido por los ríos, está siendo usado
para diferentes fines, el resto es liberado hacia el mar sin darle
ningún uso, lo que indica que los suministros hídricos renovables de los
que dispone el país son suficientes para satisfacer la demanda de agua
para los diferentes usos actuales así como los previstos en el largo
plazo. Lo anterior sugiere que un suministro adecuado (calidad y
cantidad) podría ser posible, si se toman las consideraciones para
lograr un manejo y gestión integral, transparente y eficiente del
recurso. Las personas mas vulnerables, a menudo se dedican a la
producción agrícola, lo cual las hace más dependientes de los servicios
de agua para su sustento. Los pobres tienen pocos medios, si acaso, para
recurrir a mercados alternativos cuando los sistemas públicos no
cumplen con el suministro.