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lunes, 13 de diciembre de 2021

Grandes Empresas Ecuatorianas: Empleo y Utilidades

 Foto tomada geofatima2015

Marco Tafur S.

Introducción

El descenso de la tasa de ganancia agudiza la competencia entre empresarios, grupos económicos y entre países que liberan mercados. Acelera el proceso de concentración- centralización de capitales y producción[1]; fase en que unos productores se arruinan, mientras otros se enriquecen, incluso llegando a desaparecer del mercado. Fenómeno concentrador que se presenta en; ramas económicas donde el ciclo y rotación del capital proporcionan mayores ganancias.[2]

Estas ideas trataron investigaciones de hace más de medio siglo. Autores como Guillermo Navarro (Concentración de Capitales en el Ecuador, 1976), Cedis (Los grupos monopólicos en el Ecuador, 1986), Luis Fierro (Los grupos financieros en el Ecuador, 1991), Oswaldo Albornoz (Breve historia del movimiento obrero ecuatoriano, 1983) y, finalmente el  Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Central del Ecuador -IIE-UCE- con sus publicaciones: Ecuador, pasado y presente; Revista y Boletín Economía que se editan hasta la actualidad, constituyen parte de la biblioteca del pensamiento crítico de ese tiempo. Invito a escarbar una parte de la historia económica ecuatoriana.

En la década de los años 70, la existencia de un reducido grupo de empresas ejerce control sobre la mayor parte de los recursos industriales, es un fenómeno claro y marcado. Así pues, pequeños empresarios nacionales -ligados al capital extranjero- ejercen un control oligopólico de las más diversas ramas de producción industrial ecuatoriana. Sin necesidad de transitar por patrones clásicos del proceso de concentración de la producción y del capital, el Ecuador ya presentaba esas características nacidas desde la propia creación de empresas, posibilitando un proceso concentrador de la débil estructura industrial, de ese entonces.

En este escenario, una empresa obtiene grandes rentabilidades, altas productividades por trabajador ocupado, reducidos costos de producción y ganancias extraordinarias, cuando el volumen de capital utilizado es superior a la media de la masa de capital utilizado por el conjunto de la industria. Hoy, la estrategia del capital son las corporaciones, holding, grupos económicos, alianza público-privado, cuyos objetivos es similar: maximar la tasa de ganancia.

La magnitud del precio de producción (costo de producción + beneficio medio), que es la modalidad del valor, será menor en aquellas empresas que funcionen con menores costos de producción; es decir, la dinámica de los precios de producción depende, en última instancia, de los cambios que se den en la productividad y complejidad del trabajo. Funcionamiento de esta naturaleza que solo es posible en las llamadas “grandes” empresas o lo que se conoce como economía de escala. Todo ello se refleja en la esfera de circulación, en el precio de bienes y servicios. A lo que se agrega la concentración de proveedores (oligopsonios), de prestigios, de contactos, etc.

El precio de venta aparece determinado por el promedio de costo de todas las empresas. Por su importancia numérica, los costos más altos de las empresas pequeñas influyen en la determinación de altos precios de venta. Si una empresa logra obtener precios de producción inferiores a los precios de venta, obtendrá además del beneficio medio una ganancia extra: Una superganancia, acelerando el proceso monopólico y/o oligopólico de la reproducción y el mercado. (Revista Economía Política Nº 13; Instituto de Investigaciones Económicas, Universidad Autónoma de Honduras, 1977: Tegucigalpa DC-Honduras; pp. 107).Las utilidades y ventas declaradas por empresa, son sensibles indicadores para comprender el grado de concentración empresarial ecuatoriano. Apreciemos algunas características del fenómeno que entrega, en su momento, el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Central del Ecuador.

Para 1979, 50 empresas industriales (7% de las compañías anónimas) más representativas clasificadas por ventas (mayores de 100 millones de sucres de ventas), acapararon el 67% del total de ventas realizadas por las empresas manufactureras y absorbían el 35% del total de mano de obra ocupada. En el otro extremo, 713 empresas (93% de las compañías) ocupan al 65% de la mano de obra y tenían el 33% del total de ventas, prácticamente la mitad de lo facturado por las 50. (Datos, Superintendencia de Compañías y Anuario Industrial, 1980)

Desglosando la información por estratos, las cinco (5) empresas más grandes, de acuerdo a un ordenamiento por ventas, controlaban el 30% de ellas; las 10 el 39% y las 20 concentran más de la mitad de las ventas realizadas en 1979. A pesar de lo cual, las cinco empresas más representativas solo ocupan el 6% de la fuerza de trabajo industrial, las 10 el 10% y las 20 el 19% de la Población Economicamente Activa  -PEA- manufacturera. (Una visión amplia la publica el IIE-UCE: Revista Economía Nº 80; 1982; pp. 125-126).

Años 2020: concentración utilidades y empleo

Han transcurrido más de cuatro décadas y el fenómeno concentrador se consolida cada vez más. Gracias a la información digital que presenta los organismos de control público, la Superintendencia de Compañías y el Servicio de Rentas Internas, se ratifica el análisis de los años 70. Con crisis cíclicas o pandemia, el capital tiene su propio comportamiento. Veamos el fenómeno en la información presentada a continuación:

En el año 2020, las 50 empresas (0.097% del total) más representativas por ventas, de un total de 51.566 empresas que registran ventas, facturaron el 23 % del total, absorben el 8.4% de mano de obra ocupada y concentran el 45% de las utilidades. Las 100 empresas (el 0.19%) facturan el 31.4%, dan ocupación al 11.7% y captan el 54.8% de las utilidades generadas por el trabajo. Las 2.696 grandes empresas (5.23%) concentran el 80% de las ventas, el 90.7% de las utilidades y ocupan el 46,4% del empleo (Ver cuadro N 1). La mayoría son empresas que forman parte de los 300 grupos económicos identificados por el Servicio de Rentas Interno (SRI) ecuatoriano, ligados al capital extranjero.

Cuadro No. 1

En el otro extremo, 51.516 empresas (94.77%) venden el 20%, ocupan al 53.6% de la mano empleada y generan casi el 10% de utilidades. Son 6.349 medianas empresas; 19.252 pequeñas empresas y 49.566 microempresas. Son estas dos últimas categorías las más afectadas de la pandemia Covid 19; que declaran prácticamente cero ventas en el año 2020.

Indagando las 50 mayores empresas (Cuadro N 2), por estratos, se aprecia en detalle el fenómeno concentrador de utilidades y la debilidad en crear empleo (8.4%) visto en conjunto de empresas registradas en la Superintendencia de Compañías. Indicador que contradice lo afirmado por los voceros empresariales de que 9 de 10 empleos genera el sector privado. Son las unidades familiares, generadoras de empleo. Y dejamos al lector sacar sus propias reflexiones.

Cuadro No. 2

Entre las empresas también existe competencia, salvo que sean parte del mismo grupo económico. Las 2.696 grandes empresas (Empresa grande: Más de 200 trabajadores o Ingresos superiores a los $5’000.001,00 según el Código Orgánico de la Producción, Comercio e Inversiones), generan utilidades por 4.763,5 millones de dólares;[3] de éstas, 50 concentran casi el 50% de utilidades y el 20% de mano de obra empleada, año 2020. Solo, cinco (5) empresas captan más de la cuarta parte de utilidades, ocupando el 5.7% de empleo (Ver cuadro Nº3). Los números oficiales van confirmando la idea principal investigada: existe una concentración de riqueza en pocas manos.

Cuadro No. 3

Las utilidades del ejercicio (2020) generadas por el trabajo en las grandes empresas se reparten así: 22 % pago de impuesto a la renta (IR), 15% participación reparto de utilidades; la diferencia, USD 3.096,3 millones de dólares al empresario. En plena pandemia el capital se valoriza gracias a la energía física e intelectual de la fuerza laboral.

Período 2016-2020: concentración empresarial

Al sistematizar la información oficial de las 100 mayores empresas ordenadas por ventas (período 2020-2016), se demuestra aún más el grado de concentración empresarial en el tiempo. Los valores acumulados del quinquenio confirman el proceso de concentración y centralización de capital en su magnitud. El cuadro Nº 4 visualiza el comportamiento de las utilidades del ejercicio acumuladas en valores corrientes.

Cuadro No. 4

Según clasificación por rangos, cinco (5) grandes empresas que representan menos del 0.009% controlan el 24% de las utilidades; las 10 el 35%; y, las 25 concentran casi el 50 % de las utilidades generadas en el quinquenio 2016-2020, por 100 empresas. Pese a lo cual, las cinco empresas parcamente dan ocupación al 2% de la fuerza laboral, 10 al 3.2% y 25 al 5.7% de la PEA  ocupada.

La magnitud de utilidades generadas por el trabajo de USD 14.3 mil millones de dólares, luego de haber facturado USD 155.0 mil millones de dólares por 100 grandes empresas (valores corrientes acumulados quinquenio 2020-2016), ratifica el rol del trabajo en la valorización del capital. Además, las 100 mayores empresas presentan promedios anuales que oscilan los 2.800 millones de dólares de utilidad y 152.000 ocupados (Cuadro Nº 5). Temas que se trata oportunamente por la importancia de la teoría valor-trabajo en los palpitantes momentos.

Cuadro No. 5

Considerando la carga impositiva empresarial del  22% de IR y 15% reparto de utilidades, de 100 grandes empresas, la fuerza laboral genera utilidades netas por USD 9.265.5 millones de dólares en cinco años. Monto similar al presupuesto para remuneraciones del sector público del año 2022.

Por tamaño: empleo y utilidades

El trabajo genera riqueza y no el capital. Las empresas grandes por su tamaño (3.4% del total) ocupan el 41.6% de la mano de obra y obtienen el 93.1 de las utilidades del ejercicio 2020 (Ver cuadro N 6). Datos empíricos que confirman la validez de la teoría valor trabajo. Las empresas utilizan fuerza de trabajo en actividades económicas mientras le sea útil en la generación de ganancias; caso contrario, sustituye con máquinas o robots. Contradicción que genera el propio sistema económico dominante en el país.

“Frente al capital, me quedo con el trabajo” J. Nebot

 

En extremo opuesto, la pequeña y microempresa (87,8% de empresas) ocupan el 42.9% de la fuerza laboral de 78.380 empresas vigiladas por la Superintendencia de Compañías; la pequeña genera 1.2% de utilidades y saldo rojo de 4.2% las microempresas. Siendo estas empresas las que sufrieron directamente las consecuencias de la pandemia. Aproximadamente 27.000 microempresas cerraron sus negocios, cuyo impacto fue: 300.000 desempleados.[4]

A manera de epílogo

“Se invierte para ganar y si son elevadas mejor porque así el país crece y hay empleo”, son las expresiones de voceros empresariales. Esto tiene su explicación en la lógica del capital; y, una de sus leyes, es el comportamiento de la tasa de ganancia su punto cardinal. Pero ¿Dónde se origina la ganancia? El trabajo, en todas sus formas (artesanal, manual, cognitivo), crea valor en el proceso de producción hasta convertirse en capital-dinero en la esfera de circulación (mercado); no es el capital, como dan a entender los defensores de la economía regida por el mercado. Y el tiempo de trabajo socialmente necesario se considera al valora el precio de los bienes y servicios.

La teoría valor-trabajo esclarece el proceso de acumulación de capital y segmentación de mercados, donde se compra y vende con ganancia. El ciclo y rotación del capital en el proceso productivo delinea los niveles de empleo, mismos que están enlazados a las tasas de desocupación. Por decreto no existe posibilidades de atacar el desempleo. Los 2 millones de nuevos empleos con buenos salarios que la administración del presidente Lasso jura cumplir, se parece al ofrecimiento incumplido de un millón de viviendas del ex -presidente Moreno.

En fin, los datos empíricos históricos, sistematizados en cuadros, confirman la concentración de riqueza en pocas familias ecuatorianas. En tanto la pequeña y microempresa luchan por sobrevivir; son empresas familiares las que financian sus negocios a corto plazo con elevadas tasas de interés. Las grandes empresas demuestran que les va muy bien en sus negocios; sin embargo, el país vive la persistente crisis económica-social- política, ética y moral.

Frente a la persistencia del capital por acumular la organización social es la respuesta. Frente a la gran empresa, la réplica es la organización de pequeños y microempresarios para fijar volumen y precios de bienes en el mercado. Eliminar la intermediación comercial, su prioridad. Y, sobre todo, el control del poder político para situar el trabajo humano por encima del capital.

“La consideración sucesiva del mismo problema debe confirmarnos en la convicción de la prioridad del trabajo sobre lo que, en el transcurso del tiempo se ha solido llamar “capital”. SS. Juan Pablo II (Carta Encíclica <Laborem Exercens> 14 septiembre, 1981; pág. 45)

Anexos

Anexo N º 1.- Grupos Económicos

Para tener idea del volumen de utilidades y niveles de mano de ocupada considerando empresas que conforman los grupos económicos, se cita 10 a manera de ejemplo.

1.- CORPORACIÓN FAVORITA (COMERCIAL KIWY, SUKASA, FLEXIPLAST, TVENTAS, POFASA, INVEDE, BEBEMUNDO, ECUASTOCK, ENERMAX, AGROPESA, MAXIPAN)

2.-      SCHLUMBERGER      DEL      ECUADOR     (CONSORCIO      SHUSHUFINDI,     SHAYA      ECUADOR, PARDALISERVICES, SCHLUMBERGER SURENCO)

3.- CORPORACIÓN EL ROSADO (MI COMISARIATO, INMOBILIARIA MOTKE, INMOBILIARIA LAVIE, ADMINISTRADORA DEL PACIFICO ADEPASA, SUPERCINES, INMERISA, COMDERE)

4.- INDUSTRIA PRONACA (INAEXPO, AGROVALENCIA, INCA, HOLDECUADOR, CORPORACIÓN BALU)

5.- CLARO (AMOVECUADOR, FIDEICOMISO MERCANTIL DE ADMINISTRACION DE RECURSOS Y PAGOS CONECEL, CONDOMINIO EDIFICIO CENTRO DE NEGOCIOS ETECO PROMELSA)

6.- INDUSTRIAL PESQUERA SANTA PRISCILA (MANESIL, PRODUMAR, TROPACK, METROCENTRO, BRESSON, TEXTOSA, CONSTRUCCENTRO )

7.- HOLDING GRUPO DIFARE (DIFARE, DYVENPRO, DIBIENS, DISTRIGEN, WILENY, HOLDING HCCG, FRISONEX)

8.- GISIS (NUTRECO INTERNATIONAL BV, NUTRECO CHILE HOLDING BV)

9.- TIENDAS INDUSTRIALES ASOCIADAS TIA (TIAONLINE, DINAMIATRADE)

10.-DINADEC (CERVECERIA NACIONAL CN, BEVERAGE BRAND & PATENTS COMPANY BBPC)

Fuente: Servicio de Rentas Internas (SRI). Grupos económicos; 2020.

Anexo No. 2


El anexo que a continuación se inserta exhibe utilidades del ejercicio acumuladas en cinco años (2016-2020) por 25 grandes empresas. El orden obedece a la clasificación por ingreso por ventas del año 2020 y no a la utilidad.

Anexo No. 3

 Fuente: Superintendencia de Compañías Datos: cortados 13/09/2021

(*) Ordenadas por ventas
 

miércoles, 24 de noviembre de 2021

CÓMO LA ÉLITE NOS HACE CREER QUE TRIUNFA PORQUE ES INTELIGENTE Y TRABAJADORA

 

Las élites modernas se presentan a sí mismas como una colección de individuos talentosos y esforzados que destacan por sus méritos, no por su cuna. Con ese discurso la creciente desigualdad del mundo parece más democrática pues, en apariencia, nadie está excluido de las oportunidades al éxito y el que no lo logra tiene la culpa. Shamus Khan, sociólogo estadounidense invitado a Chile recientemente por el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), dice que todo eso es un mito. Que donde la elite alega mérito hay privilegio. Así lo observa en su más importante trabajo, una etnografía en un colegio donde se forma la elite estadounidense.

Los miembros de la elite chilena habitualmente explican su éxito a través del talento y el trabajo duro. Pocas veces mencionan la educación y el origen social que les abrió paso en la vida. No se oye decir, por ejemplo: “Me ha ido bien porque nací en una familia con recursos y redes. Eso me permitió estudiar en el Verbo Divino y luego en la Universidad Católica, de donde egresé sin deudas y lleno de proyectos. Esa experiencia me brindó una gran cantidad de oportunidades para desplegar mi talento y mi esfuerzo; y me facilitó salir adelante cuando me equivoqué”.

Hay evidencia de que la omisión de la clase social en la historia del éxito oculta cosas importantes.

El economista de Yale, Seth Zimmerman, mostró en 2013 que el 50% de los cargos más altos en las empresas chilenas lo ocupan ex alumnos de sólo nueve colegios de elite. Para el economista Ricardo Hausmann la tendencia de que los mejores puestos queden en manos de personas de un mismo origen, da cuenta de una cultura empresarial cerrada, que no da oportunidades a talentosos de otras clases. Una consecuencia de eso es que, como han mostrado Javier Núñez y Cristina Risco, la movilidad social intergeneracional es bajísima: el hijo del rico chileno tiene una probabilidad del 56% de seguir perteneciendo al 10 % de mayores ingresos, probabilidad mucho más alta que la que tienen los hijos de los ricos norteamericanos o europeos. Esta falta de movilidad tiene un correlato entre las familias pobres: necesitan seis generaciones para que uno de sus descendientes llegue a la clase media, según un reciente estudio de la OECD.

En 2014 el ex ministro Nicolás Eyzaguirre le puso rostro a la tendencia que estos estudios sugieren. Recordando su experiencia como egresado del Verbo Divino, dijo: “Les puedo decir que muchos alumnos de mi clase eran completamente idiotas; hoy son gerentes de empresas. Lógico, si tenían redes. En esta sociedad no hay meritocracia de ninguna especie”.

Eyzaguirre fue criticado por su tono agresivo y por la supuesta intención de distanciarse de su clase. Pero el mensaje de fondo no fue rebatido ni cuando pidió disculpas: en Chile, la ruta al éxito no es una avenida pública que solo exige inteligencia y esfuerzo al que la recorre; es un camino privado que pasa a través de determinados colegios y universidades. Ese camino privado permite que personas con y sin talento se encumbren.

Si el peso de la cuna se omite en la discusión pública, la alusión a la mediocridad de quienes llegan a la cima es algo que está casi en el plano de lo prohibido.

Shamus Khan, profesor de sociología de la Universidad de Columbia, lleva años estudiando a las elites y las ideas que se difunden y omiten al explicar el éxito. Hasta los años 60, explica, las elites justificaban sus privilegios por el simple y tosco derecho familiar. Las elites modernas se presentan, en cambio, como una colección de individuos talentosos y trabajadores, personas que destacan por lo que hacen, no por su cuna. “Pero esa historia del triunfo de las habilidades individuales es un mito”, dice Khan.

Su investigación más importante es el libro “Privilegio, la construcción de un adolescente de elite” (Princeton University Press, 2011), que tiene como protagonistas a los 500 alumnos del Internado Saint Paul, uno de los colegios secundarios donde se forma la elite estadounidense. Algo así como el Verbo Divino, pero con una anualidad de US$50 mil (más de $32 millones).

Khan vivió un año en Saint Paul, conversando y observando a los jóvenes en su cotidianeidad. Dijo a CIPER que en las entrevistas los alumnos destacan su pesada carga académica y argumentan que sus privilegios son el resultado del trabajo que despliegan. Pero como Khan los observa diariamente, es testigo de que se trata de declaraciones retóricas.

“Pocas veces se los encuentra con libros en las manos y cuando los tienen, están cerrados… rara vez hacen sus tareas o trabajan las lecturas; en cambio, recurren a sumarios online como Wikipedia”, escribe Khan. Agrega que los estudiantes que dicen trabajar duro y abrazar los principios de la meritocracia, en realidad pasan muchas más horas haciendo vida social que en la biblioteca. Lo peor: el investigador observa que los pocos que realmente trabajaban mucho en sus tareas académicas son acosados y marginados socialmente.

Khan no cree que los alumnos mientan al declararse resultado de la meritocracia. Piensa, en cambio, que la meritocracia es un discurso que los alumnos de elite son entrenados para repetir y valorar. Pero lo cierto es que son tan geniales y mediocres, tan trabajadores y flojos como cualquier otro grupo de adolescentes.

ENCARNAR EL PRIVILEGIO

La observación de Khan deja en el aire una pregunta clave: en sociedades que abrazan la meritocracia, ¿cómo consiguen encumbrarse a la cima los hijos mediocres de la elite?

Shamus Khan sugiere dos respuestas que están vinculadas.

La primera tiene que ver con “los méritos” que se usan para distribuir oportunidades, puestos de trabajo y premios. Las personas suelen pensar que son habilidades (ya sea innatas o aprendidas) que pueden medirse. Y, por lo tanto, parece lógico que colegios de elite y universidades sometan a prueba a los postulantes buscando quedarse con los que tendrán mejor rendimiento en los estudios.

Pero la habilidad predictora de las pruebas de selección está hace largo tiempo bajo cuestionamiento (CIPER ha publicado varias investigaciones sobre los problemas predictivos de la PSU en Chile, por ejemplo), pues lo que consistentemente reflejan es lo que los padres pudieron invertir en sus hijos. Es decir, dan cuenta del poder económico de la familia.

"Cuando se les insiste a los jóvenes en la meritocracia, ellos sienten que se merecen lo que tienen, pero también -y esa es una consecuencia muy negativa- piensan que los pobres se merecen su pobreza porque no han trabajado duro. Y entonces, se merecen el sufrimiento que implica la pobreza. Creo que es importante desafiar esa idea".

¿Por qué ocurre esto? Khan dice que las habilidades que se miden en esas pruebas de selección son aquellas con las que los jóvenes de elite se han familiarizado en sus casas y colegios. Por ello, les resulta relativamente sencillo superarlas.

-Es muy naif pensar que los méritos de un joven están desligados de los privilegios que tiene su familia. Mi educación, por ejemplo, es el resultado de mi esfuerzo, pero en gran medida de la masiva inversión de mis padres en mí -dijo Khan a CIPER.

Citando al sociólogo Pierre Bourdieu, el investigador remarca que los estudiantes que triunfan son los que se sienten en casa en instituciones que los premian por tener un tipo de comportamiento que es natural para ellos (ver Saying Meritocracy and Doing Privilege).

El segundo elemento que Khan destaca, tiene que ver con lo que hacen instituciones como Saint Paul. Su principal tarea, dice Khan, no es entregar altos niveles de matemática, lenguaje u otro conocimiento. Los saberes “duros” están disponibles para todos en internet.

Lo que no está disponible es lo que se tiene que vivir. Khan lo llama el “currículo escondido” de Saint Paul; se refiere a las cosas que no se memorizan, sino que se corporizan, como gustos, sensibilidades, códigos de conducta, rituales. Lo que permiten los colegios de elite es “corporizar el privilegio”, lo que implica sentirse cómodo con esos gustos y sensibilidades.

La única forma de meter el privilegio en el propio cuerpo es vivirlo diariamente en los espacios de la elite. Khan destaca que una vez que el privilegio se corporiza, ya no puede ser cuestionado por la sociedad como una diferencia social injusta, porque se ha transformado en una característica de la personalidad del joven de elite.

Khan escribe en su libro: Al mirar actos aparentemente mundanos de la vida diaria, desde las cenas a los bailes y las citas, vemos cómo el privilegio se encarna en los cuerpos de los estudiantes y cómo los estudiantes son capaces de desplegar sus privilegios en sus interacciones.

Este punto es muy importante, pues la elite que abraza la meritocracia y festeja el triunfo del individuo nos dice que no importa la cuna, sino las características individuales, las habilidades, talentos y cualidades. Lo que no dice es que esas habilidades y capacidades se cultivan en lugares a los que pocos tienen acceso. Esas cualidades parecen innatas, pero son el resultado del privilegio.

Los ricos, escribe Khan, usan su dinero para comprar ventajas para sus hijos, y uno de los lugares donde las compran es en escuelas de elite. Y la ventaja moderna que estos establecimientos venden es la naturalización de la diferencia.

Khan escribe: Los estudiantes de Saint Paul parecen tener naturalmente lo que se necesita para tener éxito. Y esto ayuda a esconder la permanente desigualdad social por la vía de naturalizar las diferencias que produce.

Esa naturalización del privilegio levanta un muro invisible entre quienes han vivido en el privilegio y quienes han memorizado esas normas. La clase alta chilena es especialmente sensible en detectar a quienes aprenden a ser como ellos sin tener la experiencia de serlo.

“A un ‘wanna be’ te lo reconozco al toque. Son tantos y tan distintos ¡son asquerosos!”, le dice una mujer de elite al sociólogo Sebastián Huneeus en su libro “Matrimonio y Patrimonio”.

“En nuestra compañía tenemos como objetivo la meritocracia, pero hasta cierto punto, porque hay códigos”, le explica al mismo Huneeus el fundador de un banco de inversión. Con “códigos” se refiere a “educación social”, a formas de hablar, modo de vestir, pautas de consumo, maneras de comer. “Cuando un tipo ha estado en ciertos colegios, esos códigos están incorporados”, dice el inversionista.

Quien tiene esos “códigos incorporados”, tiene siempre al poder esperándolo tranquilamente, reflexiona Huneeus.

Para las clases medias que creen que la formación de calidad (es decir, los conocimientos duros) es la clave que permite destacar, el énfasis que pone Khan en encarnar el privilegio puede carecer de sentido.

Pero hay evidencia de que opera con fuerza en nuestro país. Por ejemplo, el estudio de 2004 “Clasismo, Discriminación y Meritocracia en el Mercado Laboral chileno” de los economistas Javier Núñez y Roberto Gutiérrez. En esa investigación los economistas sostienen que lo que hoy llamamos “zorrón”, es decir, un alumno “de mediocre desempeño académico proveniente de una comuna y colegio de origen socioeconómico alto y dotado de una ascendencia de origen socioeconómico superior”, recibirá solo por virtud de su origen “un ingreso estadísticamente mayor que un estudiante de alto rendimiento académico proveniente de una comuna pobre y colegio público, sin ascendencia vinculada al estrato socioeconómico alto”. A este “zorrón” no solo le irá siempre mejor que al “alumno pobre y brillante”, sino también mejor que “a una amplia variedad de estudiantes de excelencia formados en ambientes socioeconómicos promedio” (ver revista Economía y Administración de la Universidad de Chile, N 147 de 2004).

LA SUERTE

Lo anterior lleva a cuestionar la idea -muy extendida en Chile- de que la desigualdad se soluciona con oportunidades.

-Ese es uno de los mitos más exitosos de la agenda de derecha, pues si no importa cuánto dinero tienen los más ricos, sino qué oportunidades da la sociedad para hacer dinero, puede parecer buena idea llevar al poder a alguien rico porque supuestamente sabrá cómo crear oportunidades -dijo Khan a CIPER.

Shamus Khan argumenta, sin embargo, que las oportunidades se ven fuertemente influidas por los niveles de desigualdad:

-Los que tienen más pueden invertir más en la formación de sus hijos y mientras más desigualdad hay en la sociedad los más ricos están en condiciones de comprar más oportunidades.

Esto genera una brecha insalvable. Khan no es el primero ni el único en subrayarla. El economista Paul Krugman ha dicho que creer que es posible dar oportunidades similares en condiciones de alta desigualdad “es simplemente una utopía irrealizable”. El economista Robert Solow, más duro, afirma que quienes sostienen que alta desigualdad y oportunidades son compatibles, son cínicos.

“Muéstreme a un político que diga que lo que queremos es igualdad de oportunidades y no igualdad de resultados y yo le voy a mostrar a un cínico. Todos saben que usted no puede tener una desigualdad extrema y suponer que los hijos de las familias ricas y pobres tendrán iguales oportunidades. Ayuda mucho tener una buena alimentación cuando eres joven, ser cuidado, tener ropa, estar protegido, confortable, poder ir a una buena escuela y luego poder tener contactos con los padres de tus amigos cuando estás buscando trabajo… Es evidentemente ridículo suponer que una sociedad desigual puede tener igualdad de oportunidades, la gente que defiende esta idea lo sabe. Por lo tanto, están solo parloteando”, dice Solow. (Krugman y Solow abordaron estos temas en una charla sobre el libro de Anthony Atkinson, Desigualdad ¿qué podemos hacer? ver video a partir del minuto 10).

Para Khan la desigualdad siempre tiene un efecto negativo. “Incluso si usted tiene una sociedad donde todos están sobre cierto estándar de vida, la desigualdad va a seguir teniendo un efecto negativo en muchos indicadores, como la salud o la felicidad”, dice Khan.

La desigualdad extrema de la que gozan las elites que se forman en Saint Paul le parece a Khan especialmente cuestionable, pues la mayoría de estos jóvenes no tienen nada realmente particular salvo algo: suerte. La suerte de haber nacido en una familia que puede invertir en ellos introduciéndolos a instituciones como Saint Paul.

Khan lo sabe por experiencia propia pues es un egresado de Saint Paul. Su abuelo era un pobre campesino pakistaní que, para la coronación de la reina Isabel II en 1953, formó parte de una delegación que su país envió a Inglaterra para cuidar a los caballos de las tropas que iban a desfilar. Ese viaje es importante, porque en su ausencia el padre de Khan fue enviado a una escuela, lo que fue un cambio radical en la vida de un joven destinado a ser campesino. El joven era muy hábil y destacó en los estudios. Se tituló de médico y apenas pudo emigró a Estados Unidos donde tuvo una carrera ascendente hasta llegar a ser jefe de cirugía del principal hospital de Boston. Cuando nació Khan su familia podía pagarle la educación de Saint Paul.

Khan no puede dejar de ver la suerte en su historia: en la de su padre y en la suya. Y la falta de suerte en los que no llegan a dónde él está. Lo remarca con un experimento mental:

-Imagine que todos los niños tuvieran las oportunidades que yo tuve, ¿qué posibilidades hay de que yo hubiera llegado a la posición que tengo hoy? Bueno, la respuesta es que la posibilidad es muy baja, porque sin ninguna duda hay personas allá afuera mucho más talentosas. Pero en ellas no se hicieron las inversiones que sí pudieron hacer mis padres en mí -dijo Shamus Khan a CIPER.

Los estudiantes de Saint Paul, escribe Khan, “no son ingenuos y saben que no todos los que trabajan duro salen adelante” (ver Saying Meritocracy and Doing Privilege). Lo ven a diario en el personal que hace funcionar Saint Paul: las mucamas, los cocineros o los jardineros. La explicación de los alumnos para esas trayectorias de vida es que tuvieron mala suerte, tuvieron distintas prioridades o fueron víctimas de una época más injusta que estamos superando. La visión de esas vidas sin privilegios no los hace perder la fe en la meritocracia, escribe Khan.

Para Khan, en cambio, nacer en una familia con muchos recursos es como ganar la lotería. Y dado que ese factor es tan relevante en los logros posteriores, se pregunta cómo se tolera la enorme desigualdad social actual. “Premiar en forma tan distinta a los niños por algo con lo que no tuvieron nada que ver, como quienes son sus padres, no parece correcto”, explica.

-La meritocracia es clave en el imaginario de la clase media chilena. Si sacamos ese dios de su mente, ¿qué podemos poner ahí? ¿Cómo reordenamos la sociedad sin meritocracia?

-Una cosa que podríamos poner ahí es la empatía. Tener empatía con las personas que no tuvieron la fortuna que uno tuvo. Pienso que cuando se les insiste a los jóvenes en la meritocracia, ellos sienten que se merecen lo que tienen, pero también -y esa es una consecuencia muy negativa- piensan que los pobres se merecen su pobreza porque no han trabajado duro. Y entonces, se merecen el sufrimiento que implica la pobreza. Creo que es importante desafiar esa idea. Dado que hay tanto azar en juego, es difícil justificar que los que tienen mala suerte estén privados de tanto. Es bueno recordar que uno estaría en una posición muy distinta si hubiera tenido diferentes padres.

-¿Qué importancia le da al esfuerzo? Muchas familias de sectores medios logran surgir en Chile porque realizan verdaderas proezas de organización y empeño y se sienten orgullosas de eso.

-El esfuerzo es crucial. Pero lo que esas familias no logran percibir es la suerte que han tenido. Mi padre es un gran ejemplo: él era increíblemente talentoso, pero también fue increíblemente afortunado.

Shamus Khan agrega: “En Estados Unidos hay personas que trabajan muy duro. Por ejemplo, aquellos que tienen dos trabajos. Pero esos no son de elite. Y la verdad, es un mito decir que la elite trabaja muy duro. Como anécdota le podría decir las veces que he viajado en bussines (debido a que las aerolíneas me premian porque viajo mucho a conferencias) y nunca he visto a nadie trabajar en bussines: van tomando vino y viendo películas. Es una ficción ese reclamo de que la elite trabaja todo el tiempo, y lo que digo es que ese reclamo sirve para sostener que las personas son pobres porque no trabajan como ellos.

LA FRONTERA SIGUE AHÍ

Shamus Khan forma parte de una corriente de investigadores que se enfoca en la desigualdad económica y que es relativamente reciente. Hasta no hace mucho la tendencia dominante era estudiar la pobreza buscando en los pobres (en lo que hacen, en su carácter, en su educación) las causas de su situación.

¿Qué aporta de nuevo el mirar la desigualdad desde los privilegios de los ricos, si la discriminación y los privilegios son una constante en la historia del mundo y de Chile?

En su libro Desafíos Comunes, los sociólogos Kathya Araujo y Danilo Martuccelli sostienen que la novedad está en que la frustración de las otras clases se expresa en primera persona. Por extendida y común que sea la experiencia de ser perjudicado por no ser de la elite, cada uno lo vive como “algo que me pasa a mí”.

Para Khan en eso reside una de las trampas de la meritocracia. Al poner el foco en la individualidad, las categorías que describen experiencias grupales, como clase y raza, pierden “su capacidad de desafiar la desigualdad”.

Khan concluye que cuando la elite festeja la meritocracia, hace creer que las barreras sociales cayeron. Y que, por lo tanto, la desigualdad, aunque creciente, es más democrática que antes, en el sentido de que hoy nadie está explícitamente excluido de llegar arriba, nadie tiene las oportunidades cerradas. Desde esa perspectiva, los que no tienen éxito no son necesariamente los desventajados, sino aquello que fallaron en aprovechar las oportunidades que brinda la sociedad moderna.

Citando a Alexis de Tocqueville, Khan sostiene que las barreras solo han cambiado de forma, no de lugar. Y estima que con estos argumentos la elite actual resulta menos honesta que su predecesora, aquella que reclamaba privilegios por derecho de cuna.

-¿Qué futuro tiene la democracia en un contexto de creciente concentración, cuando un millonario puede ganar lo mismo que un millón de chilenos?

-El problema es muy complejo y desafiante. Para mí la principal amenaza de la extrema riqueza es que da a los ricos el poder de crear divisiones entre las personas que buscan desafiarlos. La ventaja de los ricos está en su riqueza y creo que la solución pasa por imaginar condiciones donde se imponga la ventaja de las mayorías, que está en el número.

 

Fuente ciperchile

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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