Al revisar dos estudios realizados por entidades especializadas pude notar que la lucha por la equidad de las mujeres frente a los hombres ecuatorianos ha tenido resultados disparejos. Por un lado, en un estudio enfocado mayormente en aspectos de salubridad, el Ecuador muestra mejoría continua. Por otro, un estudio que da un mayor peso a desigualdades económicas muestra que nuestro país ha retrocedido en los últimos años. Revisemos por qué se dan estos resultados.
El Índice de Desigualdad de Género publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) tiene al Ecuador como un país que ha mejorado sustancialmente en los últimos años. Este índice da un peso muy importante a aspectos como la salud reproductiva, medida a través de indicadores como la mortalidad materna, fertilidad adolecente, entre otros. Además, este índice cuenta con indicadores de empoderamiento femenino y de igualdad en el mercado laboral. En este índice Ecuador ha mejorado su calificación en un ocho por ciento desde el año 2005.
La mejora del Ecuador en el índice de la PNUD es muy importante. A diferencia de otros índices, como el Global Gender Gap (Brecha global de género) del World Economic Forum (WEF), el índice del PNUD no se limita a medir la brecha en salubridad a través de indicadores menos relevantes como la esperanza de vida, sino que se adentra en temas que miden más profundamente la salubridad de las mujeres en la sociedad. Estos temas, además de los mencionados en el párrafo anterior, incluyen la cantidad de mujeres que dan a luz sin asistencia médica, las que tienen acceso a visitas médicas durante el embarazo, entre otros.
Sin embargo, el índice de la PNUD no es superior al del WEF en todos los aspectos. El índice publicado anualmente por el WEF tiene dos ventajas claras: incluye más estadísticas respecto a las desigualdades educativas y utiliza indicadores más relevantes para medir las desigualdades en el mercado laboral. Ahondando en este último punto, el índice del WEF no sólo mide la participación de hombres y mujeres en el mercado laboral, sino que además contrasta los sueldos de hombres y mujeres con capacidades y responsabilidades similares y compara las ganancias esperadas durante su vida laboral.
¿Cómo le ha ido a Ecuador en el índice del WEF? Ha caído sustancialmente en los últimos años. Lo interesante es que los resultados del Ecuador difieren entre los dos índices porque hemos empeorado justamente en los aspectos que no mide el PNUD. Según el informe del WEF, los niveles de alfabetismo en el Ecuador han caído en los dos últimos años, pero con un descenso sustancialmente mayor para las mujeres. Lo más preocupante aparece al revisar las diferencias económicas entre hombres y mujeres. Hoy en día las mujeres ecuatorianas ganan sólo el 59% de lo que ganan los hombre en un trabajo similar y con credenciales educativas similares. En el 2009 este porcentaje ya era bajo (63%), pero es muy triste que la situación esté empeorando. La brecha es aún mayor cuando se comparan las ganancias esperadas de las mujeres durante la totalidad de su vida laboral con las de los hombres: en el 2009 las mujeres sólo podían aspirar a ganar el 57% de lo que ganaba un hombre; ahora ni eso, sino sólo el 47%.
No existe un método perfecto para medir la desigualdad de género y el objetivo de este artículo no es definir qué índice lo hace mejor. El objetivo está en resaltar en qué aspectos específicos el Ecuador está progresando y en cuáles está empeorando. Si hace pocas semanas explicaba acerca de la violencia física y psicológica que las mujeres ecuatorianas tienen que enfrentar, hoy corresponde llamar la atención sobre las desigualdades que experimentan las mujeres en sus trabajos por el simple hecho de ser mujeres. En materia de salud también hay que mantener puesta la atención, ya que, si bien en nuestro país ésta ha mejorado sustancialmente, aún nos mantenemos debajo de la media latinoamericana en casi todos los indicadores de salubridad femenina. Finalmente, éstos son sólo más motivos por los que los hombres tenemos que reconocer lo que las mujeres soportan por el gran “defecto” de ser mujeres.
Por Juan Pablo Martínez
REALIDAD ECUADOR
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