Con la dimisión del presidente de Egipto Hosni Mubarak anunciada este viernes, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas se hará cargo del poder en la nación, aunque todavía no se conocen detalles de la futura administración.
El vicepresidente egipcio, Omar Suleiman, confirmó que el ahora ex mandatario tomó la decisión de dejar el gobierno luego de 30 años en el poder, “por las difíciles circunstancias que atraviesa el país”.
Al conocerse la noticia, los miles de manifestantes que se encuentran en la plaza Tahrir de El Cairo desde hace 18 días festejaron y agitaron banderas por la dimisión de Mubarak.
En la noche de ayer, el Jefe de Estado saliente brindó un discurso donde aseguró que no renunciaría a la presidencia, pero comenzaría una transferencia de poder a su vicepresidente.
Mubarak había anunciado reformas constitucionales para permitir elecciones libres y transparentes, además de remarcar que su destino era seguir adelante del gobierno hasta los comicios de septiembre.
Durante esta jornada, medios informativos egipcios confirmaron que el mandatario había salido de El Cairo hacia su residencia oficial en la ciudad de Charm el Cheij.
Las manifestaciones contra Mubarak surgieron por la crítica situación social en el país y se extendieron por todo Egipto, y en los primeros días fueron contestadas por una fuerte represión policial que, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), dejó un saldo de 300 muertos.
Las protestas en Egipto despertaron un fuerte alerta en Estados Unidos e Israel, ya que la nación africana es el principal aliado de la Casa Blanca y Tel Aviv en Medio Oriente.
Desde un principio, la administración del presidente Barack Obama mostró contradicciones y declaraciones contrapuestas sobre la situación egipcia.
El mandatario repitió anoche que Egipto debe aplicar una transición pacífica del poder y remarcó que ese país seguirá siendo amigo de Estados Unidos, que anualmente le brinda un apoyo de más de mil millones de dólares en armamento militar.
Diversos analistas señalaron que la Casa Blanca mantuvo una abierta injerencia para definir el futuro egipcio y tratar de calmar las masivas protestas.
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